“Mirarlo intensamente al paisaje.
Fijamente.
Con todo el cuerpo,
y lo que nos quede
de alma”
Aldo Parfeniuk
El arte traduce y problematiza, con ojos poéticos, la belleza y la crudeza de la realidad. En la acción artística existe una potencia creadora, absolutamente humana y novedosa. La posibilidad de un pensamiento, un sentir, una idea, una crítica, una imagen que antes no existía, comienza a ser. El arte declara y muestra, materializa un contexto, el aire de un momento.
¿Quiénes hablan hoy de las dolencias de la tierra, de la migración forzada de las especies, de los colores del cielo después de las bombas?
Nombrar la casa
En los años ‘80, comenzó a emerger de las universidades estadounidenses y europeas el término “ecocritics” o ecocrítica en su traducción al español, que hacía referencia a una corriente que estudiaba la relación entre la literatura y el medio ambiente y la manera en que éste se representaba en las obras. Es decir, cómo se nombraba en las artes de la palabra al entorno que habitamos. Qué decimos y cómo nos involucramos con eso que nos rodea y que no es lo meramente humano.
Poco después, hacia los 2000, se desprende de lo anterior el concepto de “ecopoética” o poesía de corte ecológico. Es ese lugar de la poesía comprometida con la contemplación de la naturaleza, con la crítica del accionar humano sobre ella, con la absoluta intersección entre la tierra y el individuo y la cultura construída a alrededor de ello.
La palabra ecopoética está compuesta por dos sufijos: eco (oikos) que significa casa, raíz y poiesis, creación. La fuerza creadora de la palabra en la poesía nos permite nombrar y así, comenzar a diagramar una nueva casa-mundo. La ecopoesía se sirve de la observación, de las preguntas, las angustias y la belleza
que significa vivir hoy en un planeta asediado por nuestra propia violencia, pero al que no podemos -ni debemos- renunciar. La poesía, como arte, se constituye en una de las tantas formas humanas de supervivencia y reacción ante una realidad que queremos transformar.
¿A dónde vamos con tanta poesía?
La escritora mexicana Mónica Nepote dice que la ecopoesía es una herramienta – de las tantas que existen – para hacer frente a la crisis ambiental. Entonces, ¿es la poesía la que va a salvar el mundo? Claro que no. Tal vez, ni siquiera tenga respuestas concretas de cómo hacerlo, pero sí propone maneras diversas de nombrar eso que ocurre y que es urgente. Es un compromiso artístico con la cuestión. “El lenguaje es la forma en la que materializamos el mundo”, dice Mónica y, para muchos, la palabra, la educación y la sensibilización a través de ella, es una posibilidad de acción sobre el problema.
Si promovemos que más voces narren su historia y su contexto, que compartan su sentir y sus denuncias, estaremos pluralizando los dialectos, las prosas, las formas de decir y las opciones para pensar y regenerar el mundo.
…y como dice Alchibald Mac Leish
un poema ha de ser sin palabras,
como vuelo de pájaros
sí,
y como lluvia que cae
como viento que pasa
un poema no debe hablar
sino cantar
no demostrar
sino mostrar (por eso
hay que escribirlo
con palabras silenciosas)
un poema no es más
que un cuento infantil
en la cama de los padres;
un beso en el cine
todo
cuanto ya hemos perdido
y sigue con nosotros.
Aldo Parfeniuk
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