ÁNGELA BLONES: “Cuanto más explores cómo las culturas que vives hacen magia dentro de ti, más te conoces a ti mismo”.

By Julieta Escala, Translated by Ángela Suárez

Se habla de migración positiva como esa cualidad de la migración que, en el marco de la legalidad y la elección voluntaria, proporciona un intercambio beneficioso tanto para el inmigrante como para los países de origen y destino. Es decir, se convierte en un movimiento acertado y nutritivo para la vida de esa persona que ha decidido mudarse a otro territorio. Por supuesto que no todas las migraciones ocurren en estos términos, pero lo que necesitamos poner en valor es el derecho humano a elegir dónde vivir.

Ángela Blones es una inmigrante venezolana que vive en Uruguay hace casi 9 años. Es Licenciada en Comunicación Social, especializada en Branding y Comunicación Digital, creadora de contenido e influencer, por nombrar su formación profesional, pero antes que eso es una persona encantadora, dispuesta a compartir sus transformaciones como ofrenda genuina a una sociedad que tiende a ocultar sus puntos vulnerables.

“Migrar es un viaje de autodescubrimiento. Me hizo madurar y replantear conceptos de la vida, de la belleza, de cómo vincularme y reconocerme en mi profesión”, comienza diciendo abiertamente, Ángela. Ella viene de un país que, desde hace largo tiempo, se encuentra en una situación social, económica y política complicada. En uno de esos años, a su pareja le ofrecieron trabajo en Uruguay. “Migré por amor”, dice Ángela, queriendo resumir las razones originales de su movimiento. Un año antes de dejar Venezuela conoció a su actual esposo. Lo sorprendente es que, previo a ese flechazo, Ángela ya tenía un pasaje a Montevideo para instalarse con su prima y comenzar una vida allí. Ante la aparición de un amor impostergable, decidió quedarse apostando a esa incipiente relación. Resulta que, poco tiempo después, el destino colocaría a Uruguay otra vez en su camino y ya las señales le parecieron innegables: “siento que Uruguay me eligió”, dice ella. 

Ángela es de Caracas, una ciudad de puro concreto, y el pequeño país de América del Sur le despertaba atracción por su marco natural. “Me emocionaba mucho la idea de vivir en una capital con playa”, nos cuenta. En Montevideo, ella sentía una oportunidad muy clara para volver a empezar. 

Hoy, casi 9 años después de esa gran decisión, Ángela tiene sensaciones similares a las de muchos migrantes: estar viviendo una dualidad. “Es una mezcla maravillosa de ambas culturas”, nos dice desde una perspectiva amplificada. Ella entiende que la riqueza de ser inmigrante radica en esa nueva combinación que surge en uno a partir del entrecruzamiento de culturas. “Volví a Venezuela siete años después de migrar y eso me significó un cambio trascendental porque descubrí que ya tampoco era tan de allá, pero me recordó de dónde vengo y me refrescó esa identidad que forma parte de mi”, nos comparte Ángela. Hay en ella una clara apertura a dejarse atravesar por el lugar y la sociedad a la que pertenece este último tiempo, pero también recuerda el esfuerzo por integrarse y por renovar su sentido de comunidad. “Trabajé mucho para insertarme, porque la gente reconociera mi trabajo y me conociera a mi. Este país me está transformando a nivel personal, espiritual y profesional. Me dio la oportunidad de reconocerme y reconstruirme”, dice Ángela.

Por supuesto que el aporte es en ambas direcciones y de eso se trata la migración positiva, lograr un intercambio real y orgánico entre las personas que llegan y la sociedad que las acoge. “Me gusta pensar que vine a traer el mensaje de que las historias personales tienen valor y que es importante compartir nuestras desavenencias, vulnerabilidades, cambios”, nos cuenta Ángela y agrega: “a través de las redes yo he mostrado muchos de mis cambios: mudanzas, mi camino para bajar de peso buscando tener una mejor relación conmigo misma, mi mastopexia, la transformación del concepto de belleza que traía culturalmente”.

Las respuestas de Ángela nos invitan a pensar que cuando alguien se convierte en migrante se abre a un nuevo estadío. Es un hito, un punto de giro. Quizás no se es consciente desde un comienzo, pero sucede. La transformación es inevitable. ¿Qué se transforma? En el mejor de los casos, la idea que se tiene de uno mismo. Se reconfigura lo que venimos siendo hasta ese entonces y lo importante toma mayor preponderancia y un lugar inconfundible. “Mi cultura de origen es primordial. Es esa sensación de hogar, de pertenencia, esa alegría de formar familia y enseñarle a mis amigos de Uruguay, y de otras culturas, lo cálidos que somos”, nos cuenta.

Conocemos a Ángela por su trabajo en las redes sociales, aunque la virtualidad es tan sólo una ventana recortada de sus días. Mantener la verdadera riqueza de nuestras vidas por fuera de la exposición, nos habla de conexión real con lo importante para cada uno. “Yo hago mi trabajo en redes para poder vivir la vida que quiero por fuera. Tener tiempo para dedicarle a mi cuerpo, a la gente que amo, tener espacio para mi. Soy fan de la cerámica, hago pintura al óleo”, nos comparte Ángela y nos deja una reflexión íntima: “en mi vida real, conecto conmigo misma para poder ser una mejor persona. Creo que eso es valioso decirlo en voz alta. No hay nada más lindo que la realidad”

En las palabras de Ángela, muchas veces podemos palpar su costado vulnerable, porque de eso también se trata su mensaje. Ella nos relata, sin tapujos, que partir es entregarse a un duelo que, a veces, parece interminable y eso no se contradice con lo emocionada que la tiene su vida en Uruguay, sino que convive con ella algo parecido a una cicatriz, a un desamor, a un sabor agridulce, que, lejos de limitarla, la define como una persona que no descansa en su búsqueda por convertir sus experiencias migrantes en condimentos fundamentales para su crecimiento personal. “Cuanto más explores cómo estas culturas que vives hacen magia dentro de ti, más te conoces a ti mismo”, sintetiza Ángela. 

En medio de una sincera emoción, Ángela concluye diciendo que ser migrante es maravilloso porque albergas lo mejor de los dos mundos, aunque no deja de considerar que sólo es valioso cuando lo escoges voluntariamente y, gracias a eso, puedes apreciarlo. Reconoce que hay esfuerzo y momentos angustiosos en la búsqueda de pertenencia, sobre todo, pero es un proceso que madura. “Estoy feliz de haber elegido este maravilloso pedacito de tierra para hacer mi vida. Ser migrante es muchas cosas que solamente puedes sentir cuando eliges este camino”, nos dice. 

https://lac.iom.int/es/blogs/como-contribuyen-las-personas-migrantes-la-sociedad#:~:text=Los%20inmigrantes%20tambi%C3%A9n%20realizan%20importantes,las%20familias%20y%20las%20comunidades.

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